
Señora, que cada madrugada,
llenas de Esperanza, Sevilla,
mientras tu corazón sufre
y tus ojos son un mar de pena.
Cada paso que das,
cada marcha que suena,
cada gota de cera derramada
es un lágrima de tus ojos,
una lágrima de perdón
para mi pecado,
para mi locura.
Sabes de mi Calvario,
sabes de mi dolor,
sabes de mi amargura,
por eso te digo,
un jueves más,
que no me dejes de la mano,
que no me abandones,
Madre de la Esperanza,
Virgen Macarena,
Niña de San Gil,
Señora de Sevilla.
En tu mano un Rosario,
y este mes de octubre,
es el mes del Rosario,
y cada cuenta es una rosa,
es un suspiro de Sevilla,
una Sentencia,
que en el Arco condena
a tu Hijo,
y es gota de sangre
de su cabeza,
siempre traspasada
por una Corona de Espinas.
Pero sobre todo
es palabra de amor
de tu pueblo, de tu Sevilla.
Es recuerdo y ároma,
ároma de olivos en el Huerto,
amargo sabor de traicción,
flagelación y coronación,
camino del Calvario
y muerte en la Cruz,
pero es también Esperanza,
esperanza de un Domingo
luminoso y un sepulcro vació,
donde tu llanto se convierte,
Madre Macarena,
en glorioso encuentro.
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