Déjame, Señora, estar así,en contemplativo silencio,
próximo, muy cerca de ti,
mientras la noche camina
hacia una nueva Madrugada.
Tiéndeme la mano, Madre,
agarra fuerte la mía,
mientras como a un niño,
me llevas por el camino,
camino de gozo,
camino de luz,
camino de dolor,
camino de gloria,
camino de tu vida, Señora,
mientras en mi mano desgrano
cuentas que son saludos,
con el del Ángel en el mediodía.
Cuéntame, Señora, esta noche,
¡Cómo esas noches de Nazaret!
lo ocurrio en tu vida,
cuando Dios llamo a tu puerta,
con ansias pora acercarse al hombre,
por compartir nuestro tiempo
nuestra historia, desde la Cuna de Belén.
Mientras el cirio desgrana cuentas de cera
y en el silencio de la noche,
su voz susurra oraciones,
que responden a las que yo alzo,
anunciamos el Reino,
pon Madre la mesa de mi corazón
con el Pan y el Vino de tus entrañas,
mientras le dices a tu Hijo:
"No tiene vino"
y me respondes a mí:
"Haz lo que él te diga".
Vela, Madre, mis noches febriles,
estante junto a la cabecera de mi lecho,
cuando la tortura de la enfermedad
flagele y debilite mi cuerpo,
y la burla se haga espina
y no pueda soportar el peso
de la Cruz de cada hora, de cada día,
dame a beber el Cáliz
con sabor a oliva y noche
que tu Hijo bebió en Getsemaní.
Llena mi vida de la Esperanza
que supo esperar la hora,
en que el fracaso, aparenta,
no permitia espera ninnuna hora,
se transformo en glorioso triunfo.
Se llave, Señora, de mi vida para el cielo,
donde tú, ya sin lágrimas y sonriendo,
me esperaras en el Arco,
como esperas la llegada
de todos tus hermanos e hijos macarenos.
VÍCTOR HERNÁNDEZ MAYORAL
7 de octubre de 2.010
Día de Nuestra Señora del Rosario.
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