¡Qué lejos, Madre, te he sentido,cuánta distancia he querido abrir
entre tú hogar y mi hogar,
entre tus brazos y mi corazón,
entre tu Basílica y mi alma!
Han sido, días difíciles,
días de prueba, de dolor,
en los que he querido
ser demasiado hombre,
y me he dado cuenta
que sin tu mirada,
que sin tí no soy nada,
y al darme cuenta
Madre de la Esperanza,
me he llenado de pena,
y te he mirado a la cara,
esperando en tu mirada,
un reproche, un mal gesto,
y sólo he encontrado la dulzura
de tu mirada, tu maternal sonrisa,
tus brazos abiertos
esperando, siempre mi presencia,
a pesar de tanta ausencia,
a pesar de tanta senda por mi abierta,
tu siempre esperando,
y segura de mi vuelta.
Y, ahora, Madre, que estoy,
de nuevo, en tu presencia,
sólo puedo decirte
que no me dejes,
que seas mi guía,
mi cirineo y lazarillo
para no alejarme demasiado,
si otra vez, la barca es movida
por las temibles olas del dolor,
de la casa del Padre,
de tu casa Madre.
VÍCTOR HERNÁNDEZ MAYORAL
Maravilloso el nuevo diálogo, Ella siempre espera con los brazos bien abiertos y cargada de amor, rebienvenido a la casa de la Madre.
ResponderEliminarBesotes.