Cada lágrima que surcay embellece tu rostro
es una pena, es un pesar
de las horas del Calvario.
Recuerdan a quien te mira,
el ruido, ya, silencioso, callado,
de un eco léjano de hierro,
de martillo y clavo.
Recuerdan las burlas,
la osadía del hombre
que reta al mismo Dios
a abanondar al hombre.
Recuerdan, Macarena,
las espinas
que hirieron las sienes
que besaste y acariciaste
la Noche de Belén.
Recuerdan, Señora,
la angustia del hombre,
ante lo inexplicable de la muerte,
y el misterio del más allá.
Y sobre Todo,
Reina de Sevilla,
son Esperanza de vida,
segura eternidad
para el que te mira.
VÍCTOR HERNÁNDEZ MAYORAL
17 de marzo de 2.010
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