
Macarena, Madre de Esperanza,
puerta de Dios para el hombre,
puerta del hombre para Dios,
en tu seno acoges la voz del Padre,
que se hace carne, Palabra, Presente,
y en tu seno se cumple la Promesa
del Padre que desde el inicio del tiempo,
para cuna de tu Hijo te creo.
Eres María, ánimo en el cansancio,
sonrisa en las horas amargas,
promesa de eternidad segura,
presencia viva de Dios entre el hombre,
presencia, siempre volatil,
del hombre ante Dios,
eres Macarena, aliento del Padre
en el corazón arcilloso del hombre.
Tú cada Madrugá, cada tarde,
cada mañana, cada noche,
que me acerco a orarte,
me traes a Dios,
me traes a ese Dios maniatado,
que inclina la mirada
mientras le condenan a Muerte.
Y junto a ti, cada madrugá,
cada mañana o cada tarde,
tu Hijo y tú, Señora y Madre,
obráis con vuestra caricia
en mi corazón el milagro
de sentirse vivo,
por que cada latido sé,
que es cirio para tu palio.
VÍCTOR HERNÁNDEZ MAYORAL
3 de marzo de 2.010
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