
María, cuando mis pies cansados,
cuando mi corazón envejecido,
llegue al final de esta jornada
buscando un poco de calma,
déjame descansar en tu remanso.
Cuando mi barca, destartalada,
cansada de tanto viajar,
de tanto arribar a muchos puertos,
ilumina, Madre, el faro, la estrella,
para que mi viejas maderas,
sin mucho, daño, arriben en las arenas
de las playas del cielo.
Cuando los ojos se cierren,
cansados de tanto buscarte,
y la gozosa muerte,
me descubra tu rostro,
entonces, Madre,
dame un abrazo fuerte,
y no suelte, ya, más mi alma
de tus manos,
pues a pesar de morir en la lejanía,
por fin seré, todo tuyo,
y mi corazón en tus manos mecido,
será un corazón Macareno.
VÍCTOR HERNÁNDEZ MAYORAL
3 de febrero de 2.010
¡Qué belleza y maravila!
ResponderEliminarPrecioso Víctor.